viernes, 18 de octubre de 2019

Recomponer (microrrelato)

Todas las mañanas, por amor propio, tenía que recomponer a la persona que, por falta de amor ajeno, había destruido la noche anterior.

domingo, 13 de octubre de 2019

Cerraduras (microrrelato)

Tenía tanto miedo de que pudieran entrar en su casa que decidió protegerla contra cualquier asalto. Primero, tapió una a una todas las ventanas. Después pensó que esto no era suficiente, e inundó la puerta de entrada con toda suerte de cerraduras, pestillos, candados y cerrojos. Aún llevado por el pavor, los cerró con tal fuerza que las llaves terminaron por ceder y romperse dentro. 

martes, 8 de octubre de 2019

Nombres de varón (microrrelato)


Habían acordado no contarse nada de su pasado. Habían decidido mantener su amor como si fuera el primero. Para no hacerse daño. Para no crear comparaciones. Hasta que ella, una noche, pronunció un nombre de varón mientras dormía. Volvió a hacer lo mismo la noche siguiente, con otro nombre distinto. Y la siguiente. Y la otra. Poco después, él la abandonó, sin decir nada, comido por los celos de los que creía antiguos amantes. Y ella se quedó sola, sin saber qué nombre ponerle al niño que llevaba dentro.


sábado, 28 de septiembre de 2019

Gestos (microrrelato)


Un día en el supermercado vio que querían cobrarle de más y, con un simple gesto, sin una palabra, hizo que el cajero marcase el precio correcto. Al llegar a casa, se dio cuenta de que también podía reñir a su niño sin decirle nada. Con el gesto adecuado. Con la mirada justa. Poco a poco empezó a dejar de hablar, y terminó expresándose únicamente a base de gestos. A su mujer le pareció interesante. Intrigante. A sus amigos, a sus compañeros de trabajo, también. Y comenzaron a imitarlo. A practicar delante del espejo. Tres generaciones después, el lenguaje había desaparecido, y la humanidad entera se comunicaba moviendo músculos en la cara.


domingo, 18 de agosto de 2019

Despedida (microrrelato)


Tuvo que ser maravilloso vernos por primera vez... pero lo único que recuerdo fue despedirnos por última.


lunes, 15 de julio de 2019

25 preguntas


—Bien, vamos a repasar una última vez. Antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir?
—Ya te he dicho que no.
—¿Por qué?
—Porque me sentiría ridículo haciéndolo.
—Vale, sigamos… Para ti, ¿cómo sería un día perfecto?
—¿Un día perfecto? Un día sin preguntas de este tipo.
—Eso no es lo que me has dicho antes.
—Ya lo sé. Pero es que ya no me acuerdo de lo que te he dicho antes. ¡Ah, sí! Un desayuno en la cama, un paseo por el parque, una cena con los amigos y una buena película. Era así, ¿no?
—Sí, exactamente así. ¿Cuándo fue la última vez que cantaste a solas?
—Esta mañana. En la ducha.
—¿Qué cantabas?
—Algún bolero, supongo. Siempre me suben el ánimo.
—¿Y la última vez que cantaste para otra persona?
—Nunca. Me moriría de vergüenza.
—Muy bien. Eso me ayuda mucho.
—Me alegro.
—¿Cómo?
—Nada. Pensaba en voz alta, nada más.
—Tienes que limitarte a responder lo que yo te pregunte, ¿de acuerdo?
—¿Eso es otra pregunta?
—Menos pitorreo. Si pudieras vivir hasta los 90 años y tener el cuerpo o la mente de alguien de 30 durante los últimos 60 años de tu vida, ¿cuál de las dos opciones elegirías?
—No entiendo la pregunta. ¿Cuáles son las dos opciones?
—¿Cómo que no entiendes la pregunta? Antes me has dicho que el cuerpo, porque no podrías soportar el hecho de verte deteriorarte físicamente.
—Ah, sí, sí. Es cierto. Pero la pregunta es un poco absurda, ¿no? Quiero decir, depende de qué persona de 30, puede tener mejor o peor cuerpo, o tener una mente más o menos lúcida.
—Mira, yo no soy quien ha redactado las preguntas, si te vale de algo. A ver… el cuerpo, de acuerdo. ¿Tienes una corazonada secreta de cómo vas a morir?
—No
—Vamos a ver… antes me has dicho que siempre has pensado que morirías en un accidente de tráfico.
—Te mentí.
—Pero, ¡no puedes mentir! Si no, ¡me vas a estropear todo el trabajo hecho hasta ahora!
—Vale, vale. Perdona. No sabía que fuera tan importante.
—Pues lo es. Es fundamental. Otra… si pudieras cambiar algo en cómo te educaron, ¿qué sería?
—Ya lo sabes. Me gustaría haber ido a la universidad.
—Cierto.
—Lo que no te dije antes es por qué.
—Pues dímelo. Cuanto más sepa, mejor.
—Para no ser un simple dependiente.
—Vaya. Podría ser peor.
—Podría ser peor, sí. La excusa de los perdedores.
—¿Si mañana te pudieras levantar disfrutando de una cualidad o habilidad nueva, ¿cuál sería?
—¿Queda mucho?
—Vamos por la séptima. Así que, dieciocho. ¿Por qué? ¿Tienes prisa?
—¿Prisa? No, no. Qué va. No tengo dónde ir. Es sólo que no acabo de entender todo esto.
—Ya te lo he explicado. Necesito conocer a mis personajes a la perfección para saber si están preparados. Necesito sabe cómo van a actuar y qué van a decir. Y este es el mejor método.
—Pero… ¡es absurdo! Soy un dependiente de una frutería, sólo aparezco en la página 86, y lo único que digo es “¿Qué desea, señora?”.
—Aun así, es importante.
—No lo entiendo ¿Y tú?
—¿Y yo? ¿Cómo que “y yo”? ¿Quieres decir que si yo lo entiendo?
—No. Quiero decir, ¿cómo sé si tú estás preparada?
—¿Preparada? ¿Para qué?
—Para escribir la novela. Igual no estás lo suficientemente preparada, y nos dejas a todos en una situación complicada.
—No digas bobadas. Claro que lo estoy.
—Pero yo necesito saberlo. Entiéndeme, para mí también es importante.
—Pongamos que te entiendo. ¿Cómo podrías saberlo?
—Muy fácil. Por ejemplo, antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir?

sábado, 4 de noviembre de 2017

Tan lejos, tan cerca (microrrelato)

Cuando la enfermedad de su madre hizo que perdiera la cabeza, se dio cuenta de que ya no podría decirle todo lo que se había guardado durante años. Para ella, ahora, un día él era el primo segundo del pueblo. Al día siguiente, el carnicero de la esquina. Y aunque no pudiera reconocerle, observó que ella ya no rechazaba todos los besos y abrazos ausentes en el pasado. Y nunca fue tan triste como entonces, viéndola desaparecer poco a poco. Y nunca fue tan feliz como entonces, estando más cerca de ella de lo que nunca lo había estado.